
Imagen tomada de aquí
Cuenta Platón, que en el tiempo en que nacían las estrellas, caminaban sobre las planicies del mundo unos seres esféricos, con dos caras, cuatro brazos y cuatro piernas, hijos del Sol, la Tierra y la Luna. Eran fuertes y valientes, tanto así, que un día cualquiera, la soberbia los impulsó a escalar el Monte Olimpo, y un bloque indomable se abalanzó sobre los riscos, con el propósito de destronar al dios Zeus. Cuando Zeus se percató de sus intenciones decidió desatar la más la más poderosa de las tormentas. Los rayos caían sobre los invasores como hojas afiladas, partiendo sus cuerpos en dos, y los vientos torrenciales levantaban los restos del atrevido ejército y los esparcía de horizonte a horizonte. Es así como desde ese entonces somos solo una "mitad", condenada a buscar su complemento a través de los confines del espacio y el tiempo, guiados por una fuerza universal que aún actua entre cada par.
Mi madre tiene una versión más simple de la historia, ella lo resume en una sola frase: "Siempre hay un roto para un descosido", y hace referencia a que, sin importar la situación, siempre existe alguien para cada uno nosotros, alguien que espera nuestra llegada o marcha esperanzado hacia nuestra puerta.
La verdad, no sé si todo esto es cierto, no sé si las casualidades o el mismo destino nos conducirán hacia nuestra "otra mitad", pero creo que a diario, de una u otra manera, tratamos de encontrar una parte que sentimos que nos falta...una pregunta, una respuesta, una ilusión o una verdad. Por eso este espacio, para todos los "rotos" y descosidos".
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